Habla
confusamente con la mascarilla de oxígeno en la cara y recostado en la cama del hospital. Ahora ha pasado el peligro pero todavía escucho el pánico de su voz en la alarma de la noche reclamando el derecho a morir en casa. Sin embargo la vida ha anidado de nuevo en esos ojillos maliciosos y cuando sale la enfermera de la habitación, confusamente, con la mascarilla empañando el brillo de sus palabras, pero no de su mirada, sentencia:
-Ay Pau, las mujeres son una enfermedad.
Y me cuesta creer ese latido alimentado apenas por una cara bonita y una sonrisa. Me cuesta, pero asisto a la obstinación de su certeza. 91 años de certeza. Entonces nos reímos.
Me alegro de que hayas escrito esto porque significa que todo regresa a la normalidad y porque contarlo suelta lastre y miedo.
ResponderExcluirAhora a seguir con el día a día.
¡¡¡venga!!! ahí estas tu.
Un besazo.
Me alegro también.
ResponderExcluirBjs