Conocí su historia en una terraza de verano, mientras ella fruncía el ceño delante de un helado de vainilla. Su marido había muerto en la guerra, en una de esas guerras en que los muertos, por miles, se hacen de uno en uno, y en que los asesinos, a veces niños, caminan salpicados de sangre por las calles quemadas de miedo.
Ella había escapado a través del desierto con su hijo a la espalda, arrastrando pesadillas espesas de memoria.
Mientras me lo contaban, bajando la voz, ella fruncía el ceño delante de un helado de vainilla. Tuvo un gesto airado para el niño que se lo ofrecía:
-Me gustan de chocolate- dijo, con un acento que todavía tenía raíces.
-Me gustan de chocolate, ya lo sabes.
Y se levantó contrariada llevando el helado sin que yo alcanzara a comprender los rincones de la condición humana.
sábado, 16 de maio de 2009
sexta-feira, 15 de maio de 2009
Porosidad del tiempo
Abrió los ojos y se coló en el tiempo para vivir siempre un poquito antes. En la porosidad de las horas adelantó los almuerzos y previó las citas sorteando las pausas del presente habitual.
Las horas llegaron a comer de sus manos como pájaros. Levantantaron sus pies polvo de minutos.
Al final -llegó la primera- cerró los ojos. Entonces recuperó el pasado cargado de presentes: la chispa en los ojos del niño bajo los besos, los vencejos sobrevolando el río, el abrazo tibio en la puerta del coche, el olor de la madreselva en el camino, el crujido de la lechuga fresca y el color de la lombarda en la encimera blanca.
Todo el presente debajo de los párpados, esperando. Y se quedó dormida sin tiempo para llorar.
Las horas llegaron a comer de sus manos como pájaros. Levantantaron sus pies polvo de minutos.
Al final -llegó la primera- cerró los ojos. Entonces recuperó el pasado cargado de presentes: la chispa en los ojos del niño bajo los besos, los vencejos sobrevolando el río, el abrazo tibio en la puerta del coche, el olor de la madreselva en el camino, el crujido de la lechuga fresca y el color de la lombarda en la encimera blanca.
Todo el presente debajo de los párpados, esperando. Y se quedó dormida sin tiempo para llorar.
terça-feira, 12 de maio de 2009
Decisão
Embrulhado na toalha, com os olhinhos cheios de sono, diz de pronto quase sem colher ar:
-Olha mamai, um dia que haja cole, não vou ir. Vou ficar na casa, e vou brincar a piratas e mais piratas. Vou brincar com Júlia, a ser piratas. Vamos ler um conto, vamos ver uma peli e comer bolachas de chocolate.... e depois vamos dormir no sofá... e tu vas cuidar de nós, porque senão temos medo.
E eu apenas acerto a dizer:
-Claro que si!
Cúmplice dum sonho tão singelo.
-Olha mamai, um dia que haja cole, não vou ir. Vou ficar na casa, e vou brincar a piratas e mais piratas. Vou brincar com Júlia, a ser piratas. Vamos ler um conto, vamos ver uma peli e comer bolachas de chocolate.... e depois vamos dormir no sofá... e tu vas cuidar de nós, porque senão temos medo.
E eu apenas acerto a dizer:
-Claro que si!
Cúmplice dum sonho tão singelo.
segunda-feira, 11 de maio de 2009
Apenas lua
Na pequena pracinha que faz a noite antes do sonho. Um conto. No conto há uma velha que confunde a lua com um anel de prata. Apagamos a luz.
-Olha Nico, tu pensas que a lua é um anel de prata?
E sinto como a pergunta assobia no quarto como a linha do pescador. Silêncio.
-Não, mamá, a lua é apenas lua. Só lua.
E fico atrapalhada na resposta, como peixe no anzol, a pensar como pode ser: “apenas lua”. Tão pouca coisa...
-Olha Nico, tu pensas que a lua é um anel de prata?
E sinto como a pergunta assobia no quarto como a linha do pescador. Silêncio.
-Não, mamá, a lua é apenas lua. Só lua.
E fico atrapalhada na resposta, como peixe no anzol, a pensar como pode ser: “apenas lua”. Tão pouca coisa...
domingo, 10 de maio de 2009
Sin tiempo de cosecha
Dame el don de la espera y el silencio
Para saber callar y no empujar a voces los días de mi vida.
Dame el don del silencio y de la espera,
Para ver caer el agua arrastrando montañas.
Dame el don de callar y estarme quieta
Para sentir como brotas
Sin brizna de voluntad
Sin tiempo de cosecha.
Para saber callar y no empujar a voces los días de mi vida.
Dame el don del silencio y de la espera,
Para ver caer el agua arrastrando montañas.
Dame el don de callar y estarme quieta
Para sentir como brotas
Sin brizna de voluntad
Sin tiempo de cosecha.
sábado, 9 de maio de 2009
Un recodo de la vida.
Entraron en la habitación y la enfermera le trajo a la niña un pijama. Intentó ser amable y les informó sobre detalles cotidianos: el timbre para avisar, el horario de comidas. La madre agradeció con una sonrisa cristalizada y después la enfermera se fue y se quedaron solas. Madre e hija se miraron dentro de la habitación y dentro de los ojos, pero las dos hicieron que no lo habían visto. En la habitación dormía un recodo de la vida agazapado. Se miraron a los ojos y disimularon. La niña, con una madurez inmaculada, se atrevió a hacer pie en la mirada:
-Piénsalo bien, mamá: ahora voy a ser fuerte y sana para toda la vida…
La madre pensó que el amor a veces se parece al agua, no deja respirar y ahoga.
-Piénsalo bien, mamá: ahora voy a ser fuerte y sana para toda la vida…
La madre pensó que el amor a veces se parece al agua, no deja respirar y ahoga.
Obstinación
Una vida tres tallas más grande. A veces pienso que, en el reparto, me ha tocado una vida tres tallas más grande que la mía.
Los días se hacen arenilla cuando entro en ellos. Se deshacen largos e inasibles: arenilla.
Pero aún así me obstino cuando las palmas de las manos llegan llenas de amor, incluso si solo le llamamos cariño. Aún así me obstino cuando estallan los besos por las mañanas. Me obstino e intuyo que en la arena, en medio de la arcilla seca, hay una dirección.
Los días se hacen arenilla cuando entro en ellos. Se deshacen largos e inasibles: arenilla.
Pero aún así me obstino cuando las palmas de las manos llegan llenas de amor, incluso si solo le llamamos cariño. Aún así me obstino cuando estallan los besos por las mañanas. Me obstino e intuyo que en la arena, en medio de la arcilla seca, hay una dirección.
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