Se llamaba María Eugenia y venía por casa algunas tardes para hacer la manicura a mi madre. Mi hermana y yo, cinco y tres años, revoloteábamos igual que mariposas a su alrededor mientras ella un poco esdrújula y dulce, trabajaba aquellos dedos de mamá, que extendía su mano con gesto de bailarina. Empujaba suavemente la cutícula con un palito de naranjo, limaba con precisión la forma de las uñas y después, con pinceladas seguras, las pintaba de rosa claro. Recuerdo el olor que envolvía entonces la cocina, recuerdo sobre todo el sonido que hacía el frasquito de esmalte cuando lo agitaba entre sus dedos y rozaba en el anillo, una especie de tictictic rápido y divertido que todavía hoy, si lo escucho, me devuelve el perfume de aquella laca.
Una tarde accedió a pintarnos las uñas a nosotras, a mi hermana y a mí. Creo que fue de color rojo y estoy segura de que estábamos felices. Bailábamos y saltábamos por el pasillo con los dedos estirados y soplábamos las puntas como hacía mamá.
Entonces llegó mi padre de la oficina. Corrimos con nuestras manos al aire para mostrarlas. Mi padre, que ya entonces sabía fruncir el entrecejo, acabó la fiesta. Lloramos. Nuestras manos se resistían debajo del grifo en el lavabo. Las uñas parecían viejas y mi madre enfundó su cara en ese silencio, en esa mirada muda que a veces se vestía.
quarta-feira, 11 de novembro de 2009
terça-feira, 10 de novembro de 2009
A quinta dimensão : o perfil do pirata

-Olha mamai- e mostra os desenhos do conto –O loro está de perfil, vês? Só se lhe vê um olho!
-Pois é, Nico, muito bem!
-O crocodilo está também de perfil... mas o mono está de frente...
-Claro, vês? Tem os dois olhos.
-Olha mamai: o pirata! O pirata está também de perfil: também só tem um olho!!
Felizmente o pirata do conto tinha um sorriso completo, de orelha a orelha e dois arrepiantes furados no nariz.
domingo, 8 de novembro de 2009
Este perro
“Un perro parado
Sobre sus cuatro patas
En medio de la calle
Una farola transpira
Un reguero de luz
que se esparce y me duele
Sobre esa soledad
Pellejo y hambre
Al final de la calle
Los olivares susurran
La luna es alguien
Pero aquí
Yo y ese perro
Que no ladra”.
(P. Cabo)
Voy leyendo a poquitos, a sorbitos.
Sobre sus cuatro patas
En medio de la calle
Una farola transpira
Un reguero de luz
que se esparce y me duele
Sobre esa soledad
Pellejo y hambre
Al final de la calle
Los olivares susurran
La luna es alguien
Pero aquí
Yo y ese perro
Que no ladra”.
(P. Cabo)
Voy leyendo a poquitos, a sorbitos.
sábado, 7 de novembro de 2009
Sábado
Está sentado en la butaca, casi en penumbra, y cuando entro cobra vida en una sonrisa. Por los cristales resbala la lluvia de una tarde de otoño sin rescoldos. Es sábado. No huele a café. Solo esa breve sonrisa en su cara recién regresada del silencio y el sueño.
-Hola, papá, dormías?
Se queja de la lluvia. Me cuenta de nuevo que ha pasado mala noche, que han llamado por teléfono para ofrecerle un seguro y que el caldo de hoy parecía en mal estado.
Pregunto por mi hermana: -has hablado con ella?-
-Precisamente la he llamado esta mañana- me dice, mientras sus ojos adelantan la ironía –la he llamado para preguntarle qué día es hoy, y me ha dicho que es viernes.
-Entonces, papá, la llamaste ayer… porque hoy es sábado.
-Pues entonces la llamé ayer, claro.
Y la mirada con la que pronuncia despacio estas palabras, me deja ver un mismo día de pausas conocidas. Una espera que acecha, y se resigna, en la butaca.
-Hola, papá, dormías?
Se queja de la lluvia. Me cuenta de nuevo que ha pasado mala noche, que han llamado por teléfono para ofrecerle un seguro y que el caldo de hoy parecía en mal estado.
Pregunto por mi hermana: -has hablado con ella?-
-Precisamente la he llamado esta mañana- me dice, mientras sus ojos adelantan la ironía –la he llamado para preguntarle qué día es hoy, y me ha dicho que es viernes.
-Entonces, papá, la llamaste ayer… porque hoy es sábado.
-Pues entonces la llamé ayer, claro.
Y la mirada con la que pronuncia despacio estas palabras, me deja ver un mismo día de pausas conocidas. Una espera que acecha, y se resigna, en la butaca.
quarta-feira, 4 de novembro de 2009
Mordedura
"Agarrado a los huesos
finos
de mi vida
como una mordedura
envenenada
este error
con raíces
que florece
todo el tiempo
larguísimo
en que
ahora
voy
muriendo
tan presente".
(P. Cabo)
finos
de mi vida
como una mordedura
envenenada
este error
con raíces
que florece
todo el tiempo
larguísimo
en que
ahora
voy
muriendo
tan presente".
(P. Cabo)
terça-feira, 3 de novembro de 2009
Uma de medo
-Mamai os zumbis existen?
São ainda seqüelas do Samaím (jalogüin)
-Não, Nicolás, não existem.
-Os dinossauros existiam e já não existem...
-Pois é, Nico, os dinossauros existiram, mas não existem mais. Os zumbis e os fantasmas não existiram antes, nem agora, e nem vão existir nunca.
-Isso, os dinossauros existiam há muito tempo e viviam por todos os países que eram nossos. Mas os fantasmas e os zumbis existem apenas nos contos e também nos sonhos ou se nos disfarçamos.
-Mas se são um disfarce,ou se sao um sonho, são também mentira. Então, não existem nunca.
-Não, não existem nunca.
-Boa noite, Nicolás.
Já pode dormir tranqüilo, a saber que apenas os dinossauros tiveram certeza em todos os países que então eram nossos.
São ainda seqüelas do Samaím (jalogüin)
-Não, Nicolás, não existem.
-Os dinossauros existiam e já não existem...
-Pois é, Nico, os dinossauros existiram, mas não existem mais. Os zumbis e os fantasmas não existiram antes, nem agora, e nem vão existir nunca.
-Isso, os dinossauros existiam há muito tempo e viviam por todos os países que eram nossos. Mas os fantasmas e os zumbis existem apenas nos contos e também nos sonhos ou se nos disfarçamos.
-Mas se são um disfarce,ou se sao um sonho, são também mentira. Então, não existem nunca.
-Não, não existem nunca.
-Boa noite, Nicolás.
Já pode dormir tranqüilo, a saber que apenas os dinossauros tiveram certeza em todos os países que então eram nossos.
domingo, 1 de novembro de 2009
Talvez um blues
Caiu a chuva e ficamos colados aos vidros. Como se a chuva fora um milagre. Caiu a chuva e varreu o medo.
Resvalam pelo caminho os fantasmas rotos, e os gatos e as crianças não se importam. Deixam passar.
Pelos centros comerciais músculos adormecidos arrastam a preguiça de ficar despertos e mendigam anestesia para um domingo.
Mas a chuva cai como uma miragem, com um milagre. E os espelhos são mais piedosos com quem ousa olhar.
Resvalam pelo caminho os fantasmas rotos, e os gatos e as crianças não se importam. Deixam passar.
Pelos centros comerciais músculos adormecidos arrastam a preguiça de ficar despertos e mendigam anestesia para um domingo.
Mas a chuva cai como uma miragem, com um milagre. E os espelhos são mais piedosos com quem ousa olhar.
Assinar:
Postagens (Atom)