terça-feira, 3 de março de 2015

A la carrera. 1

Todavía no son las 8 de la mañana y el día, casi en blanco y negro, con un cielo en pena sobre la hierba, se derrama entre los árboles y los caminos. A la altura del cementerio, se acerca un hombre. Tiene aspecto de profeta, tal vez de vagabundo. Barba poblada, larga y gris; chubasquero oscuro y capucha cubriendo la cabeza. Llamo a mi perra que en ese momento retrata la felicidad a saltos sobre los prados. La sujeto.
-No se preocupe- me dice-. Junto a mi casa viven unos pastores alemanes, de esos grandes. No les tengo miedo, ya me conocen.
Lo cierto es que Coco, inquieta y joven, no le ladra. Permanece tranquila a mi lado. Yo le comento que siempre molestan si se acercan y saltan... Que me gusta que se acostumbre a obedecer y respetar a la gente que camina. Nos despedimos con un buenos días improvisado en una sonrisa.
No va a salir el sol, hoy tampoco, pero bajo la lluvia el verde casi se escucha.

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