quarta-feira, 12 de janeiro de 2011

Mirada verde

De no haber tenido los ojos verdes, se lo habría dicho. Si no me hubiese mirado con aquel color tan lejano, habría acabado por decírselo. Pero no se lo dije. No pude. Me observaba mientras yo trabajaba sin querer tropezarme con ella. Deseando que no me hiciera preguntas, que dejara de salpicarme con su mirada inquieta y tenaz. Seguí cortando los filetes y metiéndolos en bandejas. Me volvía para precintar los paquetes con celofán y seguía sintiendo la presencia de sus ojos, que eran tan verdes.
-Nunca te cortas?
Preguntó sin dejar de seguir mis manos.
Habría tenido que decírselo, pero no se lo dije. Tampoco le respondí.
Corté cuatro filetes más y los envolví también con rapidez de furtivo.
Cuando me atreví a encararme a su mirada, ella sonreía. Sonreía incluso antes de que yo pudiera extender mi mano. No le dije nada. Cogió los filetes y se fue corriendo, como si hubiese sabido que aquello podía no estar sucediendo. Se fue corriendo sin limpiarse los mocos y dejando una estela plateada de pez entre la gente.

segunda-feira, 10 de janeiro de 2011

Solo pasa una vez


Y le ha pasado a Marc. A mi amigo Marc, que es capaz de ver y de estar.

Liturgia

Se quedó un instante mirando el perfil de su hija ante el televisor. Pensó que tenía sueño pero no lo dijo en voz alta porque la idea de hablar le producía una lejana sensación de aburrimiento. Se levantó torpemente y con un gesto y media sonrisa le indicó a ella que se dejase estar.
-Voy a recostarme un rato- dijo por fin con la voz acurrucada en la garganta.
-Me parece bien, papá.
Y se fue con pasos cortos hacia su cuarto. Abrió la ventana para que el aire dulzón de junio entrase entre las cortinas echadas. Todavía cantaban los pájaros.
Descalzó las zapatillas con el gesto tembloroso y lento al que había terminado por reconocer como suyo. Escuchó el aire y otra vez los pájaros. Reparó en la luz que recortaba un camino brillante sobre el suelo.
Se acostó sobre la cama y entonces vio en la puerta a su hija que lo miraba como como quien recolecta recuerdos. Dejó que ella lo cubriese con una manta ligera y entonces sonrió. El beso que le dejó en la frente hizo ondas suaves en la sonrisa.
-Despiértame para merendar...
-De acuerdo, papá.
Y la vida, ellos lo sabían, eran solo estos gestos litúrgicos con un vago sentido.

domingo, 9 de janeiro de 2011

Desenredar

Es posible que sea necesario haber desenredado alguna vez un ovillo de lana para percibir la sensación de los últimos centímetros. La ligereza de lo que falta, la forma perdida, la perspectiva rota de lo que ha sido, el movimiento torpe del hilo sin peso, casi a saltos o suspiros. Es posible que sea necesario haber desenredado un ovillo para intuir que si hoy se le quedaban las palabras en los ojos es porque hay poca lana que desenredar. No sé dónde se habrá ido enredando el hilo... espero estar guardando lo suficiente, lo suficiente para tejer cada día un poquito.

quinta-feira, 6 de janeiro de 2011

Lágrimas de creme

Como ela há tempo que nao está, procuro-a nos sabores, que sao os que contêm mais dose de passado com estado de presente. Se consigo um sabor que pertencia a ela, ela entao está ainda à mesa. Hoje cozinhamos uma rosca de Reis. Seguimos a receita como uma liturgia, mas no fim, quando as frutas pintam cores entre o açúcar... rompemos propositadamente a linha com lágrimas de creme que se douraram no forno. Eis o sabor, a creme dourada entre o pao da rosca. O meu dia de Reis. Ela ainda sentada à mesa.

terça-feira, 4 de janeiro de 2011

Impostura

A veces la sonrisa es aprendida, ya lo sé, pero aún así vale la pena. A veces los gritos también son de memoria y aún así, es mejor evitarlos. A veces los saludos son de compromiso y son igualmente acogedores. Está claro que no es mi noche.
Sostenía un vaso mientras hablaba, con gesto de desvarío noctámbulo o de profeta, pero los dos sabían que era mentira. Que el vaso estaba lleno de zumo de piña y que ni las altas horas servían de disculpa para los silencios afectados y las frases sin sentido.
A veces, dijo él. Y le dejó el camino tendido para que siguiera perdiéndose o enredándose en sus palabras. Ganando tiempo a la noche. Pero ella se levantó y prefirió marcharse dejando atrás aquel brindis, aquel zumo de piña encantado, aquella mirada que se llevó a cuestas hasta el umbral de la puerta, donde la sombra hacía imposible dejar rastro.

segunda-feira, 3 de janeiro de 2011

Outro dia de Natal

Eu bem sei que a chuva de hoje caia cansada. Gostava de apagar as pegadas de tanto sonâmbulo a carregar sacas de mentiras. Eu bem sei que a chuva de hoje caia cansada, como cansados íamos nós atravessando a cidade no carro, na cápsula de angústia que nos adentrava neste vazio transitado. Mas no meio do cansaço e da chuva sem vontade, escutava-se a voz miúda de anjo incosnciente e feliz que desgoverna. Apenas por essa voz, tinham sentido os charcos, tinha sentido a marcha sem sentido e até o sabor do sal como blasfemia a irromper na boca de chocolate.