Também não acredito no final do ano, mas gosto de deixar-me contagiar das emoções e ser arrastada pela alegria. Este ano foi duro, mesmo muito duro. Mas sempre da vida tiramos aprendizados e agora sei que para conseguir algo importante é preciso, às vezes, deixar a pele na tentativa. Os vincos arredor dos olhos, arredor dos lábios, testemunham a luta.
Da dor nasceu Pedro Cabo, que continuará escrevendo em certos dias de infernia poemas nos que aparecem cães molhados e doloridos e noites de chuva com árvores peladas a bater nos vidros.
O mais importante é ter aprendido a respirar com a alma, que é como dei em chamar, finalmente, a esta sensação que expande o espírito quando compreendemos, por um instante, o afortunados que somos. Quando nos emociona ver um bando de aves brilhando ao sol no amanhecer ou se nos crava um olhar, uma palavra, no coração, como um beijo.
Saber agradecer a fortuna de sermos mentes passamos uma vassoira pelo chão da cozinha. Esta frase é quase críptica mas eu sei de que falo.
Em quanto escrevo, agora, visto um pulôver que teceu minha mãe quando eu tinha dezesseis anos. Tem todas as cores do arco Iris e os dedos das suas mãos em cada ponto.
Feliz Ano 2010.
quinta-feira, 31 de dezembro de 2009
terça-feira, 29 de dezembro de 2009
Palabras como pabellón
Sólo estas palabras de Sánchez Terán pueden ser nuestra patria. "Para todos los hombres pan y reinado".
domingo, 27 de dezembro de 2009
sábado, 26 de dezembro de 2009
24 de Diciembre
Estaba previsto salir antes de las dos de la tarde del trabajo, pero las cosas se complicaron y salimos pasadas las cuatro y media. Habíamos pensado en hacer las últimas compras y paquetes después de comer, antes de ir a la casa de los abuelos. Pero en la puerta, cansados, descubrimos una rueda pinchada. Improvisamos, salimos del paso olvidándonos de algunas cosillas, pero no discutimos y llegamos tarde a todas partes, pero siempre a tiempo.
De camino, en medio de la música y la oscuridad del coche, me llamó ella. Ya podía hablar correctamente y se sentía ir saliendo. Superaba la radioterapia y sentía como la vida volvía a entibiar sus venas.
Llegamos. En la casa de los abuelos estábamos, otra vez, todos. Todos diferentes, pero todos. Cuando él entró por la puerta no pude evitar el recuerdo de tantas palabras derramadas como ungüentos en los oídos de la abuela, palabras para mantener la esperanza despierta: -No volverá a ser nunca igual- Lloraba entonces, pero ha sido. Cuando los lazos son tan fuertes, no es posible soltarse, aunque arrecien la rabia y las distancias. El amor siempre es más fuerte.
Recuerdo de esta noche, Nochebuena, los ojos y los brincos de los niños, las miradas como ríos de la abuela, la risa suelta y franca que él lució toda la noche y una caricia que se dejó al pasar en mi mejilla, tan tenue, tan precisa, como ese clic certero que te desvalija el alma.
De camino, en medio de la música y la oscuridad del coche, me llamó ella. Ya podía hablar correctamente y se sentía ir saliendo. Superaba la radioterapia y sentía como la vida volvía a entibiar sus venas.
Llegamos. En la casa de los abuelos estábamos, otra vez, todos. Todos diferentes, pero todos. Cuando él entró por la puerta no pude evitar el recuerdo de tantas palabras derramadas como ungüentos en los oídos de la abuela, palabras para mantener la esperanza despierta: -No volverá a ser nunca igual- Lloraba entonces, pero ha sido. Cuando los lazos son tan fuertes, no es posible soltarse, aunque arrecien la rabia y las distancias. El amor siempre es más fuerte.
Recuerdo de esta noche, Nochebuena, los ojos y los brincos de los niños, las miradas como ríos de la abuela, la risa suelta y franca que él lució toda la noche y una caricia que se dejó al pasar en mi mejilla, tan tenue, tan precisa, como ese clic certero que te desvalija el alma.
quinta-feira, 24 de dezembro de 2009
segunda-feira, 21 de dezembro de 2009
Nicolás y el Señor Scruch*
-Sí, abuelo, hemos puesto un camino de lentejas entre el musgo y están brotando. Ahora parece un bosque! Están más altas las lentejas que los Reyes subidos a los camellos!
Y el abuelo sigue preguntando, con voluntad de polémica.
-Y habéis puesto el castillo de Herodes?
Nico mira para mí porque no sabe, en realidad, quién es Herodes. Niego con la cabeza y él salta desde mi gesto sobre la pregunta, para callarla.
-No! No pusimos un castillo!
-Y los soldados!?- Se ríe con indignación forzada y los brazos en alto.
-No! No hay soldados!
-Y desierto! Habréis puesto el desierto!
Me mira de nuevo, porque sabe que sí debería haber un desierto. Pero no, no lo hemos puesto.
-No! Hay un camino de lentejas que crecen! Ya te lo dije, abuelo.
Y el abuelo, con paciencia también fingida, le pregunta:
-Pero a ver, Nicolás, entonces qué es lo que habéis puesto, cuéntame.
-Pues al Niño Jesús, y a la mamá y a José….
-Pero eso no hace falta!!!
Y se ríen los dos a carcajadas, igualando su edad, encontrándose en esa esquina mágica del tiempo donde casi no puedo llegarles. Capaces de conversar a la sombra de las lentejas que crecen entre el musgo de un Nacimiento casero.
Después siguen hablando y mi padre le cuenta que hace muchos años, cuando nosotros éramos pequeños, él ponía un Nacimiento lleno de casitas de escayola que él mismo había trabajado. Y un río con agua sobre el que pasaba un puente. Y ponía un desierto con arena de la playa, y un gran castillo de Herodes con soldados en que los Reyes paraban a preguntar por el Niño y…
Y la tarde corre escondiéndose del frío mientras ellos aprenden a hablar y Nico se bebe la vida, así, de cualquier fuente.
*No sé si es el Sr.Scruch.. el del cuento de Navidad de Dickens. Pero todos lo reconocemos.
Y el abuelo sigue preguntando, con voluntad de polémica.
-Y habéis puesto el castillo de Herodes?
Nico mira para mí porque no sabe, en realidad, quién es Herodes. Niego con la cabeza y él salta desde mi gesto sobre la pregunta, para callarla.
-No! No pusimos un castillo!
-Y los soldados!?- Se ríe con indignación forzada y los brazos en alto.
-No! No hay soldados!
-Y desierto! Habréis puesto el desierto!
Me mira de nuevo, porque sabe que sí debería haber un desierto. Pero no, no lo hemos puesto.
-No! Hay un camino de lentejas que crecen! Ya te lo dije, abuelo.
Y el abuelo, con paciencia también fingida, le pregunta:
-Pero a ver, Nicolás, entonces qué es lo que habéis puesto, cuéntame.
-Pues al Niño Jesús, y a la mamá y a José….
-Pero eso no hace falta!!!
Y se ríen los dos a carcajadas, igualando su edad, encontrándose en esa esquina mágica del tiempo donde casi no puedo llegarles. Capaces de conversar a la sombra de las lentejas que crecen entre el musgo de un Nacimiento casero.
Después siguen hablando y mi padre le cuenta que hace muchos años, cuando nosotros éramos pequeños, él ponía un Nacimiento lleno de casitas de escayola que él mismo había trabajado. Y un río con agua sobre el que pasaba un puente. Y ponía un desierto con arena de la playa, y un gran castillo de Herodes con soldados en que los Reyes paraban a preguntar por el Niño y…
Y la tarde corre escondiéndose del frío mientras ellos aprenden a hablar y Nico se bebe la vida, así, de cualquier fuente.
*No sé si es el Sr.Scruch.. el del cuento de Navidad de Dickens. Pero todos lo reconocemos.
domingo, 20 de dezembro de 2009
Olhar de Natal
Pelo ar se passa uma revoada de pássaros. São estorninhos, esses que fazem nuvens e desenhos no céu da tarde. Vamos no carro e o Natal, hoje frio e brilhante, alinhava os pensamentos de Nicolás que olha para os pássaros e se ilumina.
-Olha mamai! Há pássaros que parecem renos.
Procuro nesse céu e tento olhar como ele sabe: aí estão! Os pássaros-reno! É mesmo assim, apenas falta o trenó do Pai Natal a guiar a revoada!
-Olha mamai! Há pássaros que parecem renos.
Procuro nesse céu e tento olhar como ele sabe: aí estão! Os pássaros-reno! É mesmo assim, apenas falta o trenó do Pai Natal a guiar a revoada!
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