segunda-feira, 23 de março de 2009

Entonces y ahora


Entonces fue un vestido de seda salvaje y flores, vaporoso y largo hasta los pies. Ahora es una camiseta negra con cordones, calaveras y telarañas.
Entonces era yo y yo solo yo quien iba a vestirse así, y era mayor, y era mi dinero y hasta mi cuerpo y mi derecho a hacer el ridículo si hacía falta. Y entonces era ella, mi madre, la que dijo que no, con una sonrisa contra la que rompía mi rabia haciendo un rumor como de arena.
Ahora es ella la que es mayor, la que se va a vestir con las calaveras, la que tiene su estilo y a la que yo no comprendo, la que tiene su dinero y su derecho a ser como a ella le gusta. Y esta que sonríe debo ser yo, su madre, tan llena de recuerdos, tan convencida de que sus razones son inamovibles, que contra mí se rompen sus palabras con un rumor efervescente, como de arena.
Habla y gesticula y solo sé decirle que tiene razón. Que yo recuerdo todavía el vestido de seda salvaje y flores, vaporoso y largo hasta los pies. Recuerdo hasta mis manos mostrando el vestido que no llegué a probar. Pero es que no tiene edad para vestir camisetas con cordones y calaveras y habrá que pensar en encontrar el punto en que nuestras palabras puedan trenzarse y seguir juntas el camino de vuelta a casa.
No levantamos la voz. Aguantamos fuertemente las convicciones y no nos movimos de nuestro lugar. Pero fuimos capaces de regresar riendo.

sábado, 21 de março de 2009

Página em branco


Às vezes não tenho nada a dizer.
Nao é que não tenham acontecido alegrias e tristezas, é apenas que não cairam nesse copo onde se estanca a palavra e toma a forma. Onde o quotidiano espelha e espalha em mil cacos de vidro e se torna poesia. Não é que faltaram os beijos e os olhares, os risos e as lágrimas dissimuladas. Talvez faltou o tempo para ficar neles.
Mas não há medo: é isso apenas, que às vezes não tenho nada a dizer.
E também que há cousas das que não quero falar.

quinta-feira, 19 de março de 2009

Ya están aquí


Lo cierto es que han llegado. Todavía son pocas, pero ya están aquí. Llegan arrastrando la carga inconcebible de nuestro deseo de luz. Llegan volando rápido, como si continuasen, como si hubiesen dejado un verano a medio hacer y viniesen a acabarlo. Letras chinas dibujadas en el cielo azul.

terça-feira, 17 de março de 2009

Nosotras



Esperaba apoyada contra la pared con mi número en la mano, el 67. Observaba la manera de estar de cada uno de nosotros en el espacio, en silencio, sin molestarnos. Observaba los colores de las razas que han vuelto multicolor la oficina del padrón municipal de la que fue mi ciudad y observaba también el ajetreo sofisticado de la mujer con zapatos de tacón al otro lado del mostrador. Iba y venía sabiendo que se llevaba en cada paseo nuestras miradas, vistiéndose con ellas. No era bella, pero tenía ese porte entre acrobático y adictivo que poseen algunas mujeres: maquillaje, tacones, peluquería, curvas, manos voladoras y velocidad en los pasos. Me sorprendí divagando por las raíces de su coquetería, calculando su edad, valorando sus curvas pronunciadas y aún así ceñidas… y en mis pensamientos había un sutil rastro de envidia insana o poco saludable admiración. Y entonces apareció la otra mujer. Vestía de negro, falda larga. Era anciana y llevaba el cabello mal recogido en una trenza. Sin mediar saludo me mostró su número y me preguntó cuál era: el 77 le dije, parece que hay problemas con las máquinas y esto va lento. Se acomodó a mi lado y también enredó sus ojos en el deambular apurado de la administrativa. En un momento dado ésta salió del mostrador y pasó por delante de nosotras. Tenía unas piernas delgadas y morenas y calzaba unos zapatos rojos de finísimos tacones. Todos miramos sus pies y mi vecina no supo callarse, se inclinó un poco hacia mí y dijo con un acento que prolongaba las vocales:
- Mírala, parece que va a pescar anguilas… con esas piernas de alambre…
Me reí y asentí por simpatía o quizá por solidaridad. Entonces ella continuó:
-Soy mala…
-Somos malas- puntualicé, reconociendo nuestra malicia.
Pero ella insistió:
-No, soy yo mala, que veo el vicio de los otros y no veo nunca el mío.
Comenté algo de que todos somos iguales y pecamos de lo mismo, pero volvió nuestra artista y organizó en un instante la cola de espera pisando con la lógica aplastante de sus tacones, nuestras urgencias.

domingo, 15 de março de 2009

Pensar como eles


-Depois da noite vai haver cole?
-Amanhã?
-Sim, amanhã.
-Claro, amanhã é lunes, mas esta semana vai ser curta, só hai cole amanhã, passado e o seguinte. Depois vai ser festa, é o dia do Pai, é S. José. Tu conheces algum José?
-Sim
-Sim? Qual José?
-O papá de Jesus.
-Jesus? Que Jesus?
Fico sorpreendida porque conheço Marcelo, Inés, Júlia, Brian, Raúl... mas não conheço Jesus...
-Sim mamá: Jesus, o bebê dos Reis Magos.
Ainda não sei pensar como ele pensa. Pensar em Natal todo o ano.
Continua a falar dos planos da semana enquanto eu fico a coser a sua frase com os fios soltos do meu pensamento. Naturalmente, o pai do Jesus. O José.

sexta-feira, 13 de março de 2009

Para que servem as mamás


Sabono os seus bracinhos pequenos, o pescoço, o cabelo... e ele pergunta, olhos fechados e rosto arrugado a fugir da água:
-Para que servem as mamás?
Sempre estou longe da pergunta e não sou bastante ligeira para devolver a bola da resposta. Procuro tempo:
-As mamás? tu para que pensas que servem as mamás?
-Pois para... para estar à saída da escola.
-Pois é, por exemplo...
-Mas tu não vas nunca...
Ai! É certo, não, não vou. Vai o papá. Mamá está a trabalhar. Eu levo e papá procura. Mas o divertido é sair da escola, não chegar.
Eu sei muito bem para que é que servem as mamás, mas não sei se a resposta pode reduzir a minha culpa e chegar a calmar a comichão da sua pergunta.
Por qué é que não estamos sempre, as mamás?
Arrasto o sabão com água morna e encho de beijinhos todos esses furados em que faltei.

quinta-feira, 12 de março de 2009

Me doy cuenta


-Hay muchas pastillas para eso, pero ninguna funciona en realidad. En cuanto al equilibrio... por qué no prueba cn un bastón?
Y él, que nunca se calla, permanece en silencio. Todo el silencio que le permite esa mirada que fluye y habla.
Una vez en la calle, tras los saludos, lejos de la consulta, fuerzo el silencio.
-Qué te parece lo del bastón?
Escucho mis palabras con sus oídos y aguanto las ganas de llorar patinando en la pausa.
Se para, me mira despacio y de pronto casi grita:
-Es que no quiero ser viejo, no te das cuenta!!?
Nuestra sombra avanza muy despacio por el canto de la la acera, tan frágil que se la podría llevar el viento.