"Creía mi alma inservible pero era cansancio vulgar, nada más"
Lo dice Silvio Rodríguez en alguna canción.
Necesito descansar y después seguir escribiendo. Recuperar la utilidad y servidumbre de mi alma.
domingo, 26 de abril de 2009
terça-feira, 21 de abril de 2009
Hasta que me harte de verla

Mirábamos fotos porque llovía y la tarde se prestaba. Él las contemplaba con su pulso tembloroso y los ojos arrugados. Eran fotos que estaban fuera de los álbumes, instantes sin ceremonia apilados en una caja.
Esto debe ser cuando teníamos la barca en Miño, recuerdas? Y aquí estabas haciendo gimnasia en la terraza, yo debía tener 12 años... Solo? Sí, solo... Y ésta? en esta estábamos trabajando en la finca, cortando maleza...
En la foto hay un hombre de cerca de sesenta años, derecho y fuerte, con una hoz en la mano enguantada, un vaquero gastado y un gesto de espera breve encarado a la cámara, lo justo para impresionar la película entonces y ahora nuestra memoria.
-Sí... recuerdo...
y los ojos fruncidos se estiran en una sonrisa mientras recuerda.
-Aquí todavía era un hombre...
Dice sin dejar caer esa sonrisa.
Continuamos. No devuelve la foto que espera en un paréntesis sobre la mesa. Pasan días sencillos, domingos en la playa, y de pronto él regresa de lejos:
-Déjame llevar esta foto, hija. Déjame llevarla unos días... solo hasta que me harte de verla.
Todavía era un hombre.
domingo, 19 de abril de 2009
Castigos

El pequeño empujó a su amigo y le dijo tonto con rabia. El parque estaba lleno de padres que sostenían abrigos. El pequeño empujó de nuevo a su amigo y entonces llegó su padre y lo cogió por un brazo, lo sentó en el bordillo de la acera y le dijo en un grito con sordina:
-Castigado a pensar!! Ahora te quedas aquí, castigado a pensar!
Y se fue dejándolo allí, castigado y pensando. Y será que es así, que pensar es castigo?
quarta-feira, 15 de abril de 2009
A tiara do vencedor

Entre os tesouros uma diadema vermelha.
-Vou-na levar ao cole!
E exibe-a em alto como um troféu.
-Mas Nico, os nenos não levam diadema, não a levam se têm o cabelo curto, e tu tens o cabelo curto.
- Vou-na levar.
-Leva-a na saca...
-Vou-na levar.
-As nenas são as que levam diadema, os nenos não levam, vão-se rir de ti!
Engasgada nas palavras proibidas, no psicologicamente incorreto.
-Quero-a levar!!
E já no carro, estirando a diadema em volta da cabeça:
-Os nenos não levam diadema!
E então a frase do vencedor:
-Este neno si!!
Com acentos levantados como lanças.
Nada a dizer. Levou a diadema e voltou feliz. Marcelo e Miguel quiseram arrebatar-lha, mas não conseguiram.
terça-feira, 14 de abril de 2009
Tarde de domingo

Conduce él de regreso la tarde de domingo. Silencio. Los niños duermen. En el horizonte las nubes enormes me parecen montañas. Dudo. Las montañas son más azules que las nubes. No hay montañas tan altas. Son nubes. Nos adelanta un coche que conduce un hombre serio y callado junto a una mujer callada y seria. Tristes. Tengo miedo a parecerme a todas las tardes tristes de domingo que regresan. Me revuelvo en el abismo de mi pensamiento. Casi no sé salir a coger aire. Pataleo contra el sueño.
Ya he dicho que las montañas son más azules que las nubes. Que las nubes no son montañas.
Y he dicho, sobre todo, que los niños duermen y él conduce.
"La felicidad consiste
en no ser feliz
y que no te importe"
Lo dice Miguel D´Ors
segunda-feira, 13 de abril de 2009
Relatividade da beleza

A casa de Zacarias é uma casa de aldeia velha e pobre. A casa de Zacarias é triste, com janelas despintadas e paredes de pedra disfarçadas de massa cinzenta. Zacarias vive sozinho e apenas sabe-se dele pela luz que se prende contra a noite na cozinha.
O quarto de Nicolás está frente às janelas do banho de Zacarias. De manhã o sol entra na sua casa e bate nos azulejos brancos com desenhos azuis. Nicolás percebe a realidade sem o medo dos maiores e vendo a luz que volta da parede com azulejos, assente com entusiasmo:
-A casa do Zacarias é muito linda, não é mamai?
Eu olho para a parede cinzenta e só então vejo os azulejos brilhando desde dentro:
-Pois é linda, é. Claro que é.
domingo, 12 de abril de 2009
Esperar

Recuerdo ahora los canales en la arena. Aquellos ríos para hacer llegar el mar a nuestro castillo, a nuestro lago, a nuestro mundo.
-Ahora solo tenemos que esperar!- decíamos ilusionados:
-Cuando suba la marea el mar entrará por el surco y llegará hasta aquí!
Y esperábamos atentos, con los dedos doloridos y los ojos llenos de arena.
Tiene trece años y a veces me asusta. Me asusta su afán por lo oscuro, por el negro. Su afición a las calaveras y las cruces. Su afectación y su mueca en falsete cuando sonríe y dice “mola” si se habla de la sangre y de la muerte. Tiene trece años y a veces me asusta porque no estoy segura de saber desandar los pasos de mi propia adolescencia para acordarme de todas las esquinas y rincones, de todas las salidas y regresos sin perderme.
Ayer entró apresurada a mi cuarto buscando el cable para recargar el ordenador, se quedaba sin batería. Le brillaban los ojillos y comentó apurada:
-Estoy escuchando El Cuervo, de Edgar Allan Poe! Cómo mola! Qué miedo! Poe sí que mola!
Y se fue corriendo porque Poe, al parecer, es “gótico”.
Todavía tendrá que descubrir a Bécquer y a Baudelaire, a Byron y a Mary Shelley… Y poco a poco el mar irá subiendo por el surco excavado, con el viento que sopla y la marea.
Ahora me acuerdo de los canales en la arena. Era solo esperar.
Esperemos...
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