Tiene la cara cubierta de sangre y le tiembla la voz cuando nos cuenta cómo se ha caído. No sabemos el tiempo que ha pasado bajo la lluvia y el viento antes de llegar al teléfono. Los goterones rojos salpican el camino que ha seguido y hay un charco que lo rodea y deja un círculo de miedo cuando lo levantamos.
Nosotros, sus hijos, nos callamos los reproches, porque no es el momento, pero se nos escapan unas miradas furtivas en que buscamos amparo y lo decimos todo. No es el momento, ahora solo cucharaditas de cariño, limpiarlo, cambiar la ropa y llegar al hospital.
Poco a poco nos cuenta: esclavo de sus manías, salió bajo el temporal a comprobar las puertas. En el suelo hay un paraguas roto y una linterna. El viento lo empujó o tal vez resbaló en el agua y la pendiente. Su cabeza batió contra alguna esquina y tuvo miedo a perder el sentido así que se agarró a su orgullo y llegó al teléfono: -estoy sangrando mucho, me he caído- dijo.
Tiene la cara cubierta de sangre y le tiembla la voz, sin embargo cuando le traigo la ropa limpia y seca para vestirlo, lo primero que encuentro en los cajones, no puede evitar el latigazo de vanidad:
-Pero qué calzoncillos pensáis ponerme?
Y así, con esa frase, en este escenario triste, él y yo volvemos a reirnos.
sábado, 27 de fevereiro de 2010
quarta-feira, 24 de fevereiro de 2010
Este abrazo.
Sonó el teléfono a una hora improbable.
-Mamá!
Hay pocas palabras que tengan un valor tan variable, tan esclavas del instante.
-Mamá!
Ella suena como si se ahogara. Dice mamá y me está llamando. Se hace noche a plena luz.
Cuaja la sonrisa que sostenía y la trivialidad de una conversación que no recuerdo. Salgo corriendo.
Otra vez él. El que nunca aprendió a querer. El que no sabe amar.
Ahora solo llueve. Llueve. Bajo la lluvia que a veces hace más tristes las ventanas, nos abrazamos. Por hoy todo ha pasado pero nosotras sabemos ahora, una vez más, que el amor nos hace inseparables.
-Mamá!
Hay pocas palabras que tengan un valor tan variable, tan esclavas del instante.
-Mamá!
Ella suena como si se ahogara. Dice mamá y me está llamando. Se hace noche a plena luz.
Cuaja la sonrisa que sostenía y la trivialidad de una conversación que no recuerdo. Salgo corriendo.
Otra vez él. El que nunca aprendió a querer. El que no sabe amar.
Ahora solo llueve. Llueve. Bajo la lluvia que a veces hace más tristes las ventanas, nos abrazamos. Por hoy todo ha pasado pero nosotras sabemos ahora, una vez más, que el amor nos hace inseparables.
terça-feira, 23 de fevereiro de 2010
A liberdade dos sonhos
Está doentinho, por isso leva dois dias sem bolachas de chocolate. Tem uma grande vocação para a medicina e uma responsabilidade no que respeita à saúde que fica inapropriada numa criança de quatro anos. Escuta ao doutor com gesto sério e o doutor, que o conhece, fala-lhe com palavras simples mas certas: Vas comer todo cozido estes dias, Nicolás. Nada de cholates.
E o pequeno Nicolás assente. Convencido.
Esta noite acordou inquieto:
-Mamai, mamai! desperta...!
-O que se passou Nicolás? Tás bem?
-Olha mamai, tomei apenas meia bolacha de chocolate.... só meia...
-Mas quando, Nico? estavas a sonhar?
-Estava, sim...
-Então dorme, carinho, e vai pela bolacha enteira! que em sonhos podes comer o que queiras!
E deita a sua cabecinha na almofada com um sorriso, pronto para o banquete permitido.
E o pequeno Nicolás assente. Convencido.
Esta noite acordou inquieto:
-Mamai, mamai! desperta...!
-O que se passou Nicolás? Tás bem?
-Olha mamai, tomei apenas meia bolacha de chocolate.... só meia...
-Mas quando, Nico? estavas a sonhar?
-Estava, sim...
-Então dorme, carinho, e vai pela bolacha enteira! que em sonhos podes comer o que queiras!
E deita a sua cabecinha na almofada com um sorriso, pronto para o banquete permitido.
domingo, 21 de fevereiro de 2010
Malito
A Nicolás le duele la barrigola. No quiere comer, solo estar tiradito junto a mamá. Ver cuentos y quejarse a poquitos.
-Ainda dói?
-Au! -responde.
En estas ocasiones nunca sé a ciencia cierta cuánto es de verdad dolor y cuánto necesidad de este abrazo. Lo peor es que yo tampoco sé cuánto me preocupa su malestar y cuánto poder estar así, los dos juntos y abrazados en el calor de la cama. Leyendo y contando tonterías, mientras la tarde pasa por encima calladita.
Fuera, detrás de la ventanna, el viento asusta a los árboles. Pero aquí el día se ha parado y lo degustamos despacio, como si la vida hoy fuera de chocolate.
Me dicta:
El viento está muy fuerte, ese viento le da miedo a Nico. Me da penita que esté malito pero si el viento está tan fuerte él se esconde. Y nada más.
El sol se esconde, los árboles están tranquilos pero el viento está muy fuerte. Veo un pajarito allá en un árbol. A Evelyn le quiero mucho, pero si viene le digo que no venga ,porque estoy malito y le puedo contagiar.
(Promete, no? Ha querido que se lo lea!!!)
-Ainda dói?
-Au! -responde.
En estas ocasiones nunca sé a ciencia cierta cuánto es de verdad dolor y cuánto necesidad de este abrazo. Lo peor es que yo tampoco sé cuánto me preocupa su malestar y cuánto poder estar así, los dos juntos y abrazados en el calor de la cama. Leyendo y contando tonterías, mientras la tarde pasa por encima calladita.
Fuera, detrás de la ventanna, el viento asusta a los árboles. Pero aquí el día se ha parado y lo degustamos despacio, como si la vida hoy fuera de chocolate.
Me dicta:
El viento está muy fuerte, ese viento le da miedo a Nico. Me da penita que esté malito pero si el viento está tan fuerte él se esconde. Y nada más.
El sol se esconde, los árboles están tranquilos pero el viento está muy fuerte. Veo un pajarito allá en un árbol. A Evelyn le quiero mucho, pero si viene le digo que no venga ,porque estoy malito y le puedo contagiar.
(Promete, no? Ha querido que se lo lea!!!)
quarta-feira, 17 de fevereiro de 2010
Clandestinas
São poucas e são só mulheres. Entram pela porta da cabeleiraria, em silêncio, brevemente e com a voz baixa mastigam um boa noite e fazem uma genuflexão com os lábios que é de longe um sorriso. Chegam a destempo mas todas fazem o mesmo: atravessam o salão onde outras se penteiam e descem por uma escada afastada e escura. Uma a uma. Fora a noitinha lambe friamente as ruas e as pinta de azul e de faróis estrelados.
A primeira em chegar veste roupas escuras e saltos altos. Os cabelos apressadamente recolhidos e os passos rápidos e breves, num ritmo que a tiraniza. A segunda é uma mulher madura que caminha com certa dificuldade. O rosto é sério e as olheiras azuladas. A terceira leva da mão uma criança, a criança leva na mão um barco e os bolsos carregados de piratas miúdos que parecem surpreendidos da paisagem. Continuam chegando, até cinco mulheres, talvez seis.
Descem as escadas e no sótão vão deixando os casacos. Há pouca luz mas na penumbra brilham as paredes de espelhos. Abrem as sacas e num instante um tilintido alegre corre pela quarto. A criança, sentada num tapete, escuta o som e espera a transformação dos insetos. O chocalhar muda em saias de cores e ventres nus. A música corre pelas paredes e os sorrisos iluminam todas as caras. Abrem os braços. Todas elas são agora dançarinas, amadoras da vida e adictas ao ritmo. Clandestinas escapadas da jaula da rotina.
A primeira em chegar veste roupas escuras e saltos altos. Os cabelos apressadamente recolhidos e os passos rápidos e breves, num ritmo que a tiraniza. A segunda é uma mulher madura que caminha com certa dificuldade. O rosto é sério e as olheiras azuladas. A terceira leva da mão uma criança, a criança leva na mão um barco e os bolsos carregados de piratas miúdos que parecem surpreendidos da paisagem. Continuam chegando, até cinco mulheres, talvez seis.
Descem as escadas e no sótão vão deixando os casacos. Há pouca luz mas na penumbra brilham as paredes de espelhos. Abrem as sacas e num instante um tilintido alegre corre pela quarto. A criança, sentada num tapete, escuta o som e espera a transformação dos insetos. O chocalhar muda em saias de cores e ventres nus. A música corre pelas paredes e os sorrisos iluminam todas as caras. Abrem os braços. Todas elas são agora dançarinas, amadoras da vida e adictas ao ritmo. Clandestinas escapadas da jaula da rotina.
segunda-feira, 15 de fevereiro de 2010
Contracciones
Hace tiempo que se fue de la ciudad para la aldea. Vive arropado en una soledad que no siempre es cálida, pero de la que ya no sabe ni quiere salir. En el piso que habitó un día se quedaron los candelabros de plata, la mesa de la cocina, las voces de los niños, el teclear de la máquina de escribir , la mesita de noche y los libros antiguos. Se quedó la enorme vista del mar y el viento que soplaba en los tejados.
En la casa de la aldea el silencio amontona los recuerdos desordenados. El pasado llega a poquitos en cajas que a veces no se abren y los libros van habitando unas estanterías frías a medida que su memoria necesita alimento.
-Hija, deberías ir por el piso y ver qué es lo que quieres de allí. Hay que tomar decisiones.
Las decisiones son las contracciones del tiempo que empuja.
-Papá, a mí solo me interesan los libros, ya sabes.
-Pero libros hay aquí en casa!
-Pero hombre, esos son tuyos…
Y entonces baja la voz, su mano temblorosa sujeta mi brazo y como es carnaval disfraza su mirada vieja de mirada de niño.
-Sí, hija, pero les ponemos un cartelito: “estos libros son de Pau”. Y ya son tuyos.
Trago, sin que lo vea, una gota pesada y densa de un dolor que es arena en la garganta. Y me río como un espejo que se empaña.
En la casa de la aldea el silencio amontona los recuerdos desordenados. El pasado llega a poquitos en cajas que a veces no se abren y los libros van habitando unas estanterías frías a medida que su memoria necesita alimento.
-Hija, deberías ir por el piso y ver qué es lo que quieres de allí. Hay que tomar decisiones.
Las decisiones son las contracciones del tiempo que empuja.
-Papá, a mí solo me interesan los libros, ya sabes.
-Pero libros hay aquí en casa!
-Pero hombre, esos son tuyos…
Y entonces baja la voz, su mano temblorosa sujeta mi brazo y como es carnaval disfraza su mirada vieja de mirada de niño.
-Sí, hija, pero les ponemos un cartelito: “estos libros son de Pau”. Y ya son tuyos.
Trago, sin que lo vea, una gota pesada y densa de un dolor que es arena en la garganta. Y me río como un espejo que se empaña.
sexta-feira, 12 de fevereiro de 2010
Tu nombre y la palabra
Cuando digo azufre
invoco todas las sombras
las noches y los miedos
y los espejos vacíos
pero si digo azul
la boca se me llena de luz
y de domingo
Si pronuncio tu nombre
puedo esconderme
en la palma de tu mano
y sentir el calor del pan
a mediodía
Cuando digo crisantemo
tengo frío
pero si digo tierra
tu mirada me descalza
y mis raíces
reconocen tus brazos
como ramas.
invoco todas las sombras
las noches y los miedos
y los espejos vacíos
pero si digo azul
la boca se me llena de luz
y de domingo
Si pronuncio tu nombre
puedo esconderme
en la palma de tu mano
y sentir el calor del pan
a mediodía
Cuando digo crisantemo
tengo frío
pero si digo tierra
tu mirada me descalza
y mis raíces
reconocen tus brazos
como ramas.
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